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Bombilla Industrial
4 productos
Lámpara LED 50W - 130Lm/W - E27 - IP20
9,44 €
IVA incluido
Ref: LB50W
Lampara LED 36W BRIDGELUX E27 -167Lm/W - Alta Resistencia
21,21 €
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Ref: FLB36WS3
Lampara LED 45W E27 Alta Luminosidad
21,74 €
IVA incluido
Ref: FLB45W
Bombilla LED ED90 40W Para Farola | Casquillo E27 Alta Resistencia | 300º
15,50 €
IVA incluido
Ref: FLB40WS2
Bombilla industrial : la que aguanta el turno en talleres, almacenes y naves industriales
Una bombilla que enciende a las siete de la mañana y no se apaga hasta el cambio de turno no tiene nada que ver con la que llevas en el salón, aunque las dos se enrosquen igual. Por fuera se parecen. Por dentro no comparten casi nada: cambia la rosca disponible, cambia la electrónica que alimenta los diodos y cambia, sobre todo, la manera de sacar el calor de la pieza.
Se compra por magnitudes, no por adjetivos: la rosca que pide tu instalación, la potencia que necesitas de verdad, el tono que te conviene, cuánto aguanta encendida y en qué ambiente. Con esos cinco datos en la mano, el pedido se cierra sin sorpresas y sin devoluciones.
Lo interesante de una bombilla industrial es que es la sustitución más rápida que tienes sobre la mesa. No tocas el techo, no tiras cable nuevo, no cambias la luminaria y no paras la actividad. Enroscas, y el punto de luz que llevaba veinte años consumiendo como un radiador pasa a consumir una fracción esa misma tarde. En iluminación industrial hay pocas intervenciones con esa relación entre esfuerzo y resultado.
Ahora, no vale para todo. La necesidad de iluminación de un obrador con el techo a tres metros no es la de un almacén de estanterías altas, y hay escenarios donde la respuesta correcta es otra familia de luminaria. Pásanos la altura de montaje antes de pedir y te confirmamos si esta es la pieza o si ese punto pide otra cosa.
Fabricamos luminaria LED, así que lo que compras sale de nuestra propia línea. En un pedido de cuarenta puntos iguales eso significa que dentro de dos años, cuando se te funda uno, repones exactamente la misma referencia y no se nota la diferencia en la fila. Encarga una muestra suelta y móntala en el peor punto que tengas antes de cursar el pedido grande: es la comprobación más barata que existe.
Las cuatro diferencias se deciden al comprar, no al montar: casquillo, driver y disipación de una bombilla LED industrial frente a las lámparas LED domésticas
El primer corte lo marca la rosca. En vivienda casi todo se resuelve con la de veintisiete milímetros y con los calibres pequeños de decoración. Cuando la potencia sube aparece la rosca gorda, la de cuarenta milímetros, que es la que montan los equipos de alumbrado vial y las luminarias colgadas a mucha altura. Ninguna pieza de salón llega ahí.
La segunda diferencia va por dentro y no se ve desde la foto. Una bombilla doméstica lleva la electrónica de alimentación comprimida en el cuello, dimensionada para ocho o diez vatios y para encendidos de rato corto. Cuando esa misma arquitectura tiene que sostener cincuenta o cien vatios doce horas al día, se queda sin recorrido, y es ese componente el que falla primero, no el diodo. Las piezas pensadas para aplicaciones industriales montan una etapa de alimentación con más margen térmico y con protección frente a los picos de tensión que genera una instalación con motores arrancando al lado.
La tercera es el calor, y es la que decide todo lo demás. Un LED no radia calor hacia delante: lo concentra en la unión y hay que evacuarlo por detrás. La doméstica sale del paso con una carcasa de plástico y un disipador testimonial, porque nunca va a tener que sacar mucho. La industrial monta cuerpo de aluminio con aletas, superficie de intercambio amplia y a veces el cuerpo entero convertido en radiador. Si la unión trabaja caliente, el flujo cae desde el primer mes y la pieza envejece antes de tiempo. No es un detalle de acabado.
Queda un cuarto punto que se pasa por alto y da sustos en obra: el peso. Una unidad de rosca gorda con cuerpo metálico pesa bastante más que una de vivienda, y no todos los soportes ni todos los brazos la sostienen igual de bien. Conviene mirar también en qué posición trabaja, porque muchas piden montaje vertical con el disipador hacia arriba para que el aire circule por las aletas.
Sumadas las cuatro, lo que obtienes es un bajo consumo energético que se sostiene en el tiempo, y no solo la tarde que la enroscas. Las cuatro se deciden al comprar, no al montar: si nos dices qué potencia por punto necesitas y dentro de qué luminaria va, te confirmamos la referencia que aguanta ese régimen de horas.
Mide el hueco antes de cursar el pedido: casquillo E27 y E40, de las bombillas E27 y la base E27 T120 a la rosca LED E27 de mucho vataje
La letra y el número que aparecen en la ficha no son un código interno de fabricante: describen lo que vas a enroscar, y son el primer dato que hay que dejar cerrado en el pedido. La E viene de la rosca Edison y la cifra es el diámetro en milímetros. El E27 mide veintisiete y el E40, cuarenta. Las de mayor vataje del catálogo montan rosca de veintisiete, y cuando la luminaria antigua trae la rosca gorda se resuelve con un adaptador, que va aparte y sale más barato que cambiar el equipo entero. Por eso ninguno de los dos entra donde va el otro, y por eso no existe la duda de si encaja: o mide lo que mide o no.
El de veintisiete es el estándar de facto. Está en apliques, en pantallas de taller, en regletas de cuelgue y en la mayoría de los soportes que ya tienes montados, así que sustituir es desenroscar y enroscar. Cubre desde el par de vatios de una baliza de señalización hasta las potencias medias que resuelven un almacén pequeño o un pasillo de trabajo.
La rosca gorda entra en escena cuando la potencia sube de verdad. Es la del alumbrado público y de las luminarias suspendidas a gran distancia del suelo, y su ventaja no es solo eléctrica: la superficie de contacto es mayor y sostiene mucho mejor un cuerpo metálico grande y pesado.
Luego está la otra mitad de la nomenclatura, la que describe el bulbo. En una T120 y en una T38, la cifra que sigue a la T es el diámetro del cuerpo en milímetros. La primera es ancha y compacta, con las aletas repartidas alrededor del cuello; la segunda es un tubo fino y alargado. Ninguna de las dos dice nada sobre la potencia. Dicen si la pieza cabe.
Ese es el error más caro de este producto y también el más fácil de evitar. Se pide por vatios, llega el pedido y no entra en el aplique. Mide el hueco libre de la luminaria antes de cursar el pedido, sobre todo si vas a montar dentro de un globo, de una pantalla cerrada o de un difusor de metacrilato, donde además del diámetro te va a limitar el largo.
Si no sabes qué hay montado, la referencia suele estar troquelada en el propio soporte o en la chapa de la luminaria. Y cuando el proyecto mezcla las dos roscas, cierra primero el reparto de puntos y pide después: cambiar de rosca a mitad de montaje sale más caro en mano de obra que el material entero. Manda el listado de puntos con la rosca y la medida del hueco a comercial@factorled.com y te devolvemos las referencias que encajan, con la cantidad ya cuadrada por zonas.
De la E27 40W, 60W y 80W de halógeno al LED de alta potencia: la luminosidad y el haz de luz de una bombilla LED que sí llega al suelo
El vatio no es una unidad de luz, es una unidad de consumo. Dejó de servir como referencia el día que dejamos de comprar incandescentes, y sigue usándose por pura inercia: todo el mundo tiene interiorizado cuánto alumbraba la bombilla de toda la vida. Esa memoria vale mientras la traduzcas.
Una incandescente de 60W entregaba en torno a 800 lúmenes y se bebía los sesenta vatios enteros; el resto de la energía se iba en calor. Esa es la escala doméstica, y casi nadie compra en ella para un taller.
En industria la comparación se hace contra otra cosa: lo que se retira no suele ser incandescencia, sino una lámpara de descarga que hace años que no entrega lo que ponía en su caja.
Frente a eso, una bombilla LED 100W alcanza el máximo en el mismo instante en que cierras el interruptor, se reenciende sin esperar y mantiene el flujo mucho más plano a lo largo de su vida. Por eso las potencias de sustitución sorprenden a quien no lo ha visto todavía: 40W o 60W resolviendo lo que antes pedía una descarga de más del doble. Una fuente de alto rendimiento entrega más luz por cada vatio consumido, y ahí se acaba la comparación.
Queda el reparto, que es lo que más se descuida. Una bombilla no es un foco: emite en un ángulo muy abierto, y en los cuerpos anchos con diodos repartidos por las caras laterales se acerca a los doscientos setenta grados. Eso juega a favor cuando la luminaria tiene reflector y necesita que la fuente radie también hacia arriba para rebotar. Juega en contra cuando lo que quieres es concentrar sobre un banco de trabajo: para eso el producto correcto es un proyector.
La sustitución directa solo funciona si la luminaria original estaba pensada para una fuente que radiaba en todas direcciones. Si el reflector se diseñó para un foco puntual pequeño y concentrado, al cambiar la geometría de la fuente cambia el reparto en el suelo, y puedes acabar con más flujo instalado y peor resultado sobre la mesa. Ese cálculo se hace antes, no después de subir la escalera. Cuéntanos qué retiras y desde qué altura alumbra, y te decimos con qué potencia se sustituye sin quedarte corto y sin pagar vatios que no van a llegar al suelo.
La bombilla industrial T38 de filamento LED 24W 4000K E27: sin cara oscura detrás, el LED de filamento para el aplique donde no cabe un cuerpo ancho
Conviene saber qué se pide cuando se pide esta pieza, porque no se parece a la anterior. Un LED convencional es un bloque de chips montados sobre una placa que se atornilla contra un disipador. El de varillas funciona al revés: los chips van en serie sobre un soporte largo y fino recubierto de fósforo, y ese conjunto se sostiene dentro de un bulbo de vidrio.
Lo que ganas con esa arquitectura es reparto. Las varillas emiten en todas direcciones, así que no hay cara oscura detrás de la pieza, que es exactamente lo que le ocurre a un cuerpo plano montado sobre placa. En un aplique con difusor, o en cualquier luminaria de vidrio donde la fuente queda a la vista, la diferencia se aprecia sin instrumentos: el conjunto se ilumina entero en lugar de marcar un punto brillante y dejar el resto apagado.
El calor sigue otra ruta. Aquí no hay bloque de aluminio: se reparte a lo largo de las varillas y se evacua por la superficie del vidrio y por el aire interior. Funciona bien mientras la potencia se mantenga en el rango medio y la pieza trabaje ventilada. Encerrada en un globo hermético pegado al techo, esta construcción es la que más sufre de todas.
El cuerpo T38 responde a esa misma lógica. Al ser un tubo estrecho y alargado entra donde una pieza de cuerpo ancho no cabe: apliques cerrados, luminarias de pared, señalización, alumbrado ornamental de fachada. Con 24W y rosca de veintisiete cubres la altura media de un taller o un pasillo de almacén sin cambiar nada más de la instalación.
En 4000K esa combinación es la más pedida para trabajo, y la razón es práctica: es el tono que deja distinguir el color de un cable, de una etiqueta o de una pieza mecanizada sin que la sala acabe pareciendo un quirófano.
Dónde no encaja: donde haya golpes o vibración fuerte. El vidrio es vidrio. Para un banco con maquinaria pesada al lado, cuerpo metálico. En su terreno es una fuente eficiente y duradera; fuera de él rinde bastante menos de lo que promete la ficha. Para saber si es tu caso basta con la medida del hueco y el tipo de difusor: pregúntalo por el chat de la web antes de cursar el pedido y te ahorras la devolución.
El tono es lo que más devoluciones provoca en las tonalidades de luz LED: luz cálida 3000K, luz neutra 4000K, luz blanca fría 5000K y blanco frío de 6000K a 6500K
La escala kelvin no dice cuánta luz da la pieza, dice de qué color es esa luz. Dos unidades con el mismo flujo y distinto tono cambian por completo la percepción de una sala, y este es el atributo que más devoluciones provoca cuando se elige a ojo desde una pantalla de móvil.
Por abajo, los 3.000 kelvin dan un tono amarillento, cercano al de la incandescencia de toda la vida. Funciona en un vestíbulo, en una zona de descanso o en la parte de atención al público de un almacén. Es mala elección para una mesa de trabajo, porque suaviza los contrastes y complica distinguir un cable marrón de uno negro.
Los 4.000 kelvin son el punto que más se pide para trabajar. Ni amarillea ni tira a azul, respeta razonablemente bien el color real de los materiales y aguanta una jornada completa sin fatigar. Taller, almacén, línea de montaje, obrador: si no tienes un motivo concreto para moverte de ahí, quédate.
A partir de los 5.000 kelvin sube el contraste percibido. Se nota en inspección visual, en montaje de piezas pequeñas y en cualquier tarea donde haya que localizar un defecto de superficie. En el extremo, por encima de los 6.000 y hasta los 6.500 kelvin, la luz tira claramente a azul: transmite sensación de más claridad de la que hay, encaja en control de calidad y en cámaras, y cansa cuando el turno se alarga.
Hay un segundo dato que se olvida y pesa tanto como el tono: el índice de reproducción cromática. Un IRC de 80 es el suelo razonable para trabajo general. Por debajo de esa cifra los colores se apagan y el género se ve gris, por muchos vatios que hayas instalado. Cuando toca distinguir color de verdad (cableado, textil, alimentación, pintura) el mínimo sube a 90 y no hay negociación posible.
En tiendas y comercios el criterio se invierte: no manda la tarea, manda el género. Un expositor de ropa pide reproducción alta y un tono cercano al cálido; un mostrador de charcutería, otro completamente distinto. Y en diferentes espacios de un mismo edificio conviven sin problema tonos distintos, con una única condición: dentro de una misma sala, todos los puntos van al mismo tono. Una fila con dos temperaturas se detecta desde la entrada y no hay manera de disimularla.
Si tienes que decidir rápido y el destino es de trabajo, la elección es neutra o fría. Y si el edificio mezcla salas con criterios distintos, cursa las dos temperaturas en el mismo pedido y te ahorras el segundo porte: llegan juntas, se reparten por salas al descargar y la sustitución se resuelve en una sola visita.
Un LED no se funde, se degrada: larga vida útil de 10.000 horas, ahorro energético y los lúmenes, los lm y la eficiencia energética que cuentan
Esa cifra casi nadie la lee bien. Un LED no se funde: se degrada. Lo que se declara no es cuándo deja de encender, sino cuántas horas tarda el flujo en bajar hasta un porcentaje del inicial, normalmente el setenta o el ochenta por ciento. Al llegar a ese punto la pieza sigue dando luz, solo que menos de la que compraste.
Y esa cuenta depende de una variable por encima de las demás: la temperatura a la que trabaja la unión. El mismo producto montado en una luminaria abierta y ventilada, o encerrado en un globo estanco pegado a un techo con calor acumulado, arroja resultados que no se parecen en nada. La durabilidad no la fija el catálogo, la fija el sitio donde montas. De ahí que las piezas con cuerpo de aluminio y superficie de disipación generosa envejezcan mejor, y de ahí que la posición de montaje venga indicada en la ficha.
La otra mitad del asunto es el consumo. El dato a mirar no es el vatio de la caja sino la eficacia: cuánto flujo entrega la unidad por cada vatio que se bebe. Pídelo siempre referido a la luminaria completa y no al chip, porque son dos números distintos y el segundo siempre queda más lucido.
Sobre el terreno esto se traduce en dos cosas medibles. Una, un bajo consumo de energía que se comporta igual el primer día y el último. Y dos, una carga térmica menor en la sala, que en verano y en local cerrado se nota en lo que trabaja el equipo de clima.
La etiqueta europea de eficiencia energética ordena los productos por clases y sirve para comparar de un vistazo, aunque no sustituye a los dos datos anteriores: dos piezas de la misma clase pueden tener una vida útil muy distinta según cómo estén construidas por dentro.
Para hacer la cuenta que de verdad importa, multiplica por tus horas. Las de un almacén que abre a las siete y cierra a las ocho de la tarde no son las de un cuarto de máquinas que se alumbra veinte minutos al día. La sustitución se paga sola en el primer caso y tarda bastante más en el segundo, y saberlo antes evita presentar un cálculo que luego no se cumple. Nuestra garantía arranca en tres años y alcanza los seis en parte de la gama, y ese respaldo cubre justo lo que ninguna curva puede anticipar. Con la tarifa profesional activada el descuento por cantidad entra solo al superar cada tramo, y si lo tuyo es revender, el catálogo se edita con tu logo y tus datos antes de enseñárselo a tu cliente.
Polvo, vibración y calor ambiente: dónde aguanta la bombilla y dónde toca una farola o un plafón LED
El polvo hace dos cosas y las dos son malas. Se posa sobre el bulbo y roba luz, eso lo espera cualquiera. Lo que no se espera es lo segundo: se acumula entre las aletas y forma una manta que impide evacuar el calor. La unión sube de temperatura, el flujo cae y la pieza envejece antes de tiempo aunque desde abajo parezca que alumbra igual.
En carpintería, en molienda, en cualquier sitio donde el aire lleve partículas en suspensión, la fuente desnuda no es la respuesta: va dentro de una luminaria cerrada que se pueda limpiar por fuera con un paño. Y donde el polvo es combustible, el equipo tiene que estar certificado para esa atmósfera, que ya es otra categoría de producto.
Con la vibración el LED juega con ventaja de partida, porque no hay hilo incandescente que romper ni electrodos que se desgasten. Aguanta perfectamente niveles que se llevaban por delante a la tecnología anterior. Los puntos débiles son otros dos. La rosca, que con vibración sostenida puede aflojar y hacer mal contacto, así que en muelles de carga y bajo puente grúa merece la pena revisar el apriete en el primer mantenimiento. Y el bulbo de vidrio, frágil por definición: si hay riesgo de impacto, cuerpo metálico y luminaria protegida, nunca vidrio a la vista.
El calor ambiente es la variable que más se ignora y la que más años se lleva por delante. Las fichas declaran un rango de temperatura de trabajo por algo. Bajo la cubierta de un almacén, en agosto, a seis metros del suelo, hay bastantes grados más que al nivel de la carretilla, y ese es el aire con el que la pieza tiene que refrigerarse. Añade un difusor cerrado sin ventilación y estarás pidiéndole el doble de lo que puede dar.
Hay tres escenarios donde la respuesta correcta no es una fuente de rosca. A la intemperie sin luminaria estanca, porque la humedad y el salto térmico entran por donde no deben. En alumbrado vial, donde la rosca E40 sigue montada en muchos equipos pero el proyecto se resuelve con luminaria propia sobre columna. Y en espacios de gran altura, donde el reparto exige óptica y distancia calculadas, no una fuente omnidireccional colgada de un portalámparas.
Dentro, la frontera es más simple. Si el techo es bajo y buscas luz uniforme sin puntos calientes, una placa o un panel reparten mejor que cualquier fuente puntual. El resto de soluciones de iluminación de la gama, de la pantalla estanca al proyector, existen precisamente para cubrir lo que una bombilla no puede cubrir bien. Antes de decidir, descríbenos el ambiente del punto: partículas en suspensión, vibración de máquina y grados bajo cubierta en agosto. Con esos tres datos te cerramos la pieza que corresponde, que unas veces es esta y otras es una luminaria completa de la gama.
Antes de subir a la escalera: 230V y 12V, regulable, mando a distancia y qué hacer con las viejas bombillas
¿A qué tensión trabajan y qué pasa si mi circuito es de muy baja tensión?
Las de rosca de veintisiete y las de rosca gorda que montan taller, almacén y comercio se conectan directamente a la tensión de red, la misma de cualquier enchufe. No necesitan transformador ni fuente externa: toda la electrónica va dentro de la propia pieza. Si tu circuito es de muy baja tensión (caravana, embarcación, cuadro alimentado por batería, alumbrado autónomo) la unidad tiene que estar declarada para esa tensión concreta. Enroscar una de red en un circuito de baterías no enciende, y hacerlo al revés la destruye en el acto. Comprueba siempre la tensión impresa en el cuello antes de montar nada.
¿Se puede atenuar la intensidad?
Solo si la pieza lo declara expresamente en su ficha. Una unidad corriente no admite atenuación, porque la electrónica interior está diseñada para trabajar en un único punto de funcionamiento; forzarla con un variador de pared antiguo produce parpadeo, zumbido y avería temprana. Las versiones preparadas lo indican y suelen exigir un variador compatible con carga LED, que no es el mismo que llevaba la instalación de incandescencia. Decídelo antes de comprar: lo que no nace preparado no se convierte después.
¿Se pueden controlar a distancia o con detección de presencia?
Hay versiones con receptor integrado que responden a un mando o desde una aplicación, y también detectores de presencia que encienden solo cuando entra alguien en la zona. En un almacén con pasillos que se visitan tres veces por turno, el detector rinde bastante más que cualquier control manual, porque el ahorro está en las horas en que no hay nadie. Antes de mezclar elementos, mira qué protocolo usa cada uno: combinar dos sistemas distintos en la misma instalación obliga a duplicar accesorios.
¿Qué hago con las que retiro?
No van a la basura común. Los tubos y las de descarga llevan componentes que exigen recogida separada, y las de tecnología LED entran en la categoría de residuo de aparato eléctrico. Se entregan en un punto limpio o en un punto de recogida de residuos eléctricos. Si el cambio es grande y retiras varios cientos de puntos de golpe, organiza la retirada antes de empezar el montaje: acumular cajas de material desmontado en un pasillo de paso acaba siendo un problema de seguridad.
¿Cómo compro con tarifa profesional y cuánto tarda en llegar?
Con la cuenta validada ves el precio de mayorista aplicado en cada ficha, con descuentos por volumen según la cantidad. Para el alta necesitamos tu formulario de registro junto a los papeles de la sociedad, o el alta de autónomo si trabajas por tu cuenta. El material sale de almacén sin esperas y el plazo estimado para tu zona lo tienes al confirmar el pedido; Canarias, Ceuta y Melilla pasan antes por el DUA, y te avisamos por teléfono antes de dar salida al bulto. Los gastos de envío se calculan en el carrito según peso, volumen y zona, y los ves antes de confirmar el pago. Si algo no encaja, la devolución se admite en las condiciones que publica nuestra página de devoluciones, con la caja original intacta, el porte de vuelta a tu cargo y el RMA tramitado desde tu área de cliente.
Si tienes delante el listado de puntos a sustituir y no lo tienes claro, pásanos la rosca, la potencia de lo que retiras y la altura de montaje a comercial@factorled.com, o pregúntalo por teléfono en el 91 805 67 67, o en el móvil 654 777 000. Fabricamos la gama, así que la referencia que montes hoy se repone igual dentro de dos años. Y si revendes, el bulto puede salir sin datos del remitente y el surtido se conecta a tu tienda con actualización diaria.
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