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Bombillas LED para Naves Industriales
4 productos
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Bombillas LED para naves industriales: iluminación LED industrial, del casquillo suelto a la nave entera
Se funde un punto de luz, se pide otro igual y alguien sube a cambiarlo. En naves industriales esa rutina aguanta hasta que el que se funde es el cuarto del trimestre y la plataforma elevadora empieza a salir en el parte de horas todos los meses.
A partir de ahí hay dos caminos. Uno es sustituir solo la fuente de luz y dejar la carcasa antigua donde está, con su anclaje, su línea y su reflector. El otro es descolgar el conjunto entero y poner un equipo nuevo. El primero se resuelve en minutos por punto y apenas toca la instalación; el segundo cuesta más al entrar y arregla de paso la óptica, el sellado y la posibilidad de regular. La decisión no va de gusto ni de presupuesto: va de altura, de estado de lo que ya está colgado y de horas de encendido al año.
La tecnología LED sirve para las dos jugadas, y ese matiz se pierde cada vez que se comparan dos ofertas mirando los vatios. Un recambio de rosca y una campana pueden entregar un flujo parecido y comportarse de forma muy distinta a los tres años, porque la diferencia real no está en el emisor: está en cómo se evacúa el calor y en qué óptica reparte lo que sale.
Fabricamos lo que vendemos, así que esta conversación la tenemos con la ficha técnica delante. La ventaja no se ve al comprar, se ve al reponer: pide tres unidades sueltas dentro de dos años y te llegan idénticas a las que colgaste, mismo cono de salida y mismo blanco, sin esa fila desparejada que delata a simple vista cuál se cambió. La cobertura va en la misma dirección, tres años de base que suben hasta 6 según el producto, y en un recambio eso se traduce en algo muy medible: las veces que vuelves a subir a ese punto. En espacios industriales de cierto tamaño, ahí está media instalación resuelta. Dinos qué tienes colgado hoy y a qué altura, escribiendo a comercial@factorled.com o llamando al 654 777 000 en jornada laborable, y te decimos cuál de los dos caminos sale mejor en tu nave antes de que pidas nada.
El aluminio decide cuánto dura, no el diodo: casquillo y aletas en las bombillas LED para naves industriales y en las luces LED de alta potencia
Dentro del vidrio pasan cosas distintas, y por eso el cambio no es un intercambio limpio. Un tubo de sodio o de halogenuro metálico genera luz en un arco eléctrico, necesita equipo auxiliar para arrancar y suelta buena parte de su calor por radiación, hacia fuera. Un emisor de estado sólido trabaja en continua detrás de una fuente y tiene que sacar el calor por conducción, a través del propio cuerpo del aparato. Ese detalle de manual es el que decide qué recambio aguanta en una nave y cuál no.
De ahí vienen las aletas. Una pieza de rosca pensada para uso industrial no lleva el bulbo liso de la que enroscas en casa: monta un cuerpo de aluminio con aletas alrededor del casquillo, y esa masa metálica es la que mantiene la unión del semiconductor dentro de su rango. Cuando la unión trabaja caliente, el flujo lumínico cae y el tono se desplaza. No salta ningún fusible ni se avería nada: el punto sigue encendido y da menos cada año. La durabilidad de un recambio de rosca se juega en el aluminio, no en el LED.
El casquillo condiciona el resto. Nuestra gama cubre E27 y E14 de rosca, más GU10, MR16, AR111 y G9 para dicroica, acentuación y decoración; en una nave el que entra en juego es el de rosca, porque es el que ya está montado en el portalámparas de la carcasa vieja. Y ese portalámparas impone dos límites que conviene mirar antes de pasar el pedido: el peso que aguanta colgado y el aire que rodea al cuerpo del aparato.
El segundo da más sorpresas que el primero. Una pieza compacta montada boca abajo dentro de una carcasa cerrada queda envuelta en su propio aire caliente: el calor sube, choca con el reflector y se queda ahí dando vueltas. Esa misma pieza colgada al aire, en una regleta abierta o en un portalámparas suelto, trabaja varios grados por debajo y dura bastante más. Si la carcasa antigua es cerrada y sellada, lo sensato es contar con que va a rendir por debajo de su ficha y elegir con margen.
Al comparar dos recambios pide siempre los mismos tres datos: flujo medido a la salida del aparato y no en el semiconductor, lm/W reales del conjunto y ángulo de apertura. Los tres tienen que venir en la ficha; si falta alguno, pídelo antes de cerrar el pedido.
Sustitución directa en vapor de sodio: la lámpara industrial LED que encaja sin tocar el equipo
El parque de sodio de alta presión sigue colgado porque en su momento cumplió: mucho flujo por vatio y reposición barata. Lo que nunca cumplió es el color. El sodio concentra casi todo su espectro en el amarillo, así que cualquier código cromático, bridas, etiquetas de estantería, señalización pintada en el suelo, deja de leerse como código. En una planta de preparación de pedidos, eso pasa de molestia a error de picking.
La sustitución es de las más agradecidas del alumbrado industrial, porque no toca obra. La lámpara se enrosca en el mismo portalámparas y se quedan donde están el reflector, el vidrio, el anclaje y la línea que sube hasta el cuadro. Lo único que hay que intervenir es el equipo auxiliar: balasto, arrancador y condensador salen del circuito y el portalámparas pasa a alimentarse a red directa. Son quince minutos por punto para un electricista, y hay que hacerlo sí o sí: dejar un balasto en serie con una fuente electrónica es la manera más rápida de cargarse las dos cosas.
Ya que estás arriba, revisa tres piezas que llevan colgadas las mismas décadas que el tubo. El portalámparas de porcelana, que con el ciclo térmico pierde presión de contacto y calienta el casquillo. La junta del vidrio, que si está cristalizada ya no cierra. Y el reflector, que si está picado u oxidado devuelve mucho menos de lo que devolvía cuando se montó.
Ese reflector es la letra pequeña de la sustitución directa. La óptica de una carcasa de sodio se diseñó alrededor de un tubo largo que emitía en todas direcciones, y una lámpara de estado sólido emite hacia abajo, en un cono. Buena parte de la geometría del reflector deja de trabajar. El resultado sigue siendo mejor que el punto de partida, enciende al instante, no se queda ciego tras un microcorte y reproduce el color, pero no es el que daría ese mismo emisor colgado con su propia lente. Cuando el reflector está sano, el recambio de rosca sale redondo; cuando no lo está, pagas electrónica nueva para que media instalación se quede iluminando el techo.
Sube, abre una carcasa, mira el reflector y mándanos una foto: con eso te decimos si el recambio compensa en tu parque o si hay que presupuestar el conjunto, y en cualquiera de los dos casos el material se expide hacia península en cuanto queda cerrado el pedido.
Cambiar el recambio o saltar a una campana de cuerpo circular: qué tipo de luminaria pide tu nave industrial
Los dos caminos se separan en cuatro preguntas, y ninguna tiene que ver con lo que cueste la caja.
La primera es la altura. Por debajo de seis metros, con carcasas en buen estado y pocos puntos, el recambio de rosca cumple sin discusión: la distancia es corta, la óptica antigua todavía reparte y el ahorro en mano de obra es tangible. Por encima, cada metro que subes cuesta flujo de forma acelerada y el reparto pasa a depender más de la lente que de los vatios. En un edificio de nueve o diez metros hasta la cercha, una campana con óptica propia hace un trabajo que una carcasa de descarga reciclada no puede hacer.
La segunda es el estado de lo que hay colgado. Abre una y mírala por dentro. Si la junta ya no sella, si el vidrio está velado por la cara interior, si el cableado se descascarilla al tocarlo, meter electrónica nueva ahí es invertir en un envase que va a fallar antes que el contenido. Ahí cambiar el conjunto no es un capricho: es la mejor solución y, a dos años vista, también la más barata.
La tercera es cuántos puntos hay y cuánto cuesta llegar hasta ellos. La plataforma, el permiso para trabajos en altura y las horas del oficial valen lo mismo tanto si subes a enroscar como si subes a descolgar y colgar. Cuando la mano de obra pesa más que el material, y en cubiertas altas pesa siempre, la distancia entre las dos opciones se estrecha muchísimo, y compensa subir una sola vez para dejarlo cerrado.
La cuarta es el control. Si en algún momento vas a querer regular o encender por presencia, la decisión ya está tomada: eso vive en la electrónica del equipo y no se añade después enroscando nada.
Con esas cuatro respuestas el reparto suele salir así. Recambio de rosca en talleres bajos, entreplantas, oficina técnica y naves pequeñas con instalación reciente. Campana LED UFO en fabricación, logística, cámaras y todo lo que pase de siete metros. Y una mezcla de las dos cosas en edificios que crecieron por fases, que es el caso más común. Combinar dos soluciones de iluminación en la misma nave no es una chapuza: es lo que sale cuando cada zona se resuelve por lo que pide.
Queda un dato que casi nunca entra en el presupuesto y que decide más que ningún otro. La descarga va perdiendo flujo sin parar y arrastra un ciclo de mantenimiento y reemplazo que vuelve cada pocos miles de horas; una campana bien disipada se mueve en otra escala de vida útil, con lo que la partida de reposición se vacía y el trabajo en altura deja de ser mensual. En una cubierta alta, los costes de mantenimiento acaban pesando en la cuenta más que el material. Cuando las necesidades de iluminación incluyen turno de noche o actividad continua, la diferencia se ve dentro del primer año. Fabricamos las campanas industriales de la gama, y por eso podemos sostener esa continuidad cuando toca reponer.
Pásanos el número de puntos, la altura y cuántas veces subiste el año pasado y te devolvemos las dos opciones valoradas en la misma hoja, bombillas LED para naves industriales frente a equipo completo, para que la decisión se tome con los dos números delante y no con la sensación de que una es más barata.
La equivalencia en vatios no dice qué luminarias LED ni qué campana industrial LED pide tu nave: dinos qué tienes montado y te lo calculamos
La equivalencia por vatios es una herencia de la descarga y hace más daño que bien. Comparar el consumo de dos tecnologías distintas no dice nada sobre lo que llega al suelo, que es lo único que se mide y lo único que le importa a quien trabaja debajo.
La cuenta buena tiene dos números y vale igual para el recambio de rosca que para el equipo completo. El primero es el flujo real medido a la salida del aparato, nunca en el semiconductor: con la alta eficiencia que declara la gama, de 160 a 200 lm/W según la versión, dos piezas de 150W se separan miles de lúmenes. El segundo son los lux que exige cada tarea, que no son los mismos en un pasillo de tránsito, en un puesto de montaje o en una mesa de control de calidad. Con esas dos cifras la sustitución se calcula sola y deja de depender de lo que pusiera en la caja del tubo antiguo.
Hay un tercer factor que juega a favor y que nadie apunta: lo que vas a retirar no entrega hoy lo que declaraba a estreno. Lleva años perdiendo flujo poco a poco, así que el punto de partida real está por debajo del papel. Medir con luxómetro antes de comprar cuesta media mañana y cambia el pedido.
La parte económica se resuelve con la misma aritmética. Un equipo de bajo consumo energético que entrega el mismo flujo, multiplicado por las horas que la nave está encendida al año, es lo que convierte una sustitución en inversión y no en gasto. La gran eficiencia energética de la gama es lo que mueve la factura de la luz, no el vatiaje que figure en la etiqueta. Mándanos las potencias que tienes montadas y las horas de encendido y te devolvemos la equivalencia punto por punto, tanto si sale un 100W como si el cálculo pide un 200W, con el recambio de rosca y el conjunto completo valorados en la misma hoja.
Driver, DALI y mando a distancia: regular tu instalación LED industrial por área de trabajo
Una nave rara vez necesita toda su luz a la vez. El muelle trabaja a ráfagas, los pasillos de estantería se recorren unas horas al día y la línea de producción tiene turno fijo. Tener el conjunto al máximo durante nueve horas para que se aproveche tres es la fuga más cara de una instalación, y también la más fácil de cerrar.
Las campanas de la gama se regulan a 1-10V, una señal analógica que se cablea con dos hilos junto a la alimentación y que entienden igual un potenciómetro de pared, un reloj o la central de gestión del edificio; el bus digital entra cuando hay que direccionar punto por punto, y la radiofrecuencia cuando nadie va a tirar cable de control. Encima de esa base va el detector: el zócalo normalizado de la cara superior lo admite a presión, sin destapar la electrónica, y con él la detección de presencia deja un nivel de luz de fondo bajo que solo sube cuando hay movimiento.
Ahí es donde aparece el dinero. Un fondo del veinte por ciento en los pasillos vacíos y el máximo solo bajo la carretilla puede reducir el consumo del turno de noche a una fracción, sin que nadie trabaje peor. En las zonas de trabajo fijas, montaje, control, embalaje, la regulación se usa al revés: para compensar el aporte de las claraboyas a mediodía y mantener el puesto igual de iluminado durante toda la jornada.
Trocear la iluminación industrial LED por zonas también ordena la instalación. Las zonas de almacenaje piden poco y a ráfagas, el muelle pide mucho y a ráfagas, la línea pide constante. Agrupar cada una en su circuito con su propia consigna sale más barato que sobredimensionar el conjunto, y la controladora Zigbee guarda escenas por franja horaria sin volver a subir al cuadro.
Queda la temperatura de color, que se decide con ese mismo criterio de zona. El tono neutro es el que aguanta bien la jornada larga en interior industrial; el cálido se reserva para oficinas anexas y zonas de paso. Con las versiones de tono conmutable el ajuste se hace en el momento de colgar. Una precisión más, que ahorra reclamaciones: el parpadeo residual de un equipo mal alimentado produce fatiga visual aunque nadie lo perciba a simple vista, así que la calidad de la fuente pesa tanto como los lúmenes que entrega. Y aquí está el límite de las bombillas LED para naves industriales de rosca: la regulación vive en la electrónica del aparato, así que si vas a querer control, pídelo desde el principio y ahórrate el segundo pedido.
El sellado no se hereda por rosca: IP65 y óptica de 120° en la campana que aguanta polvo y baldeo
Los códigos de la ficha no son adorno comercial: son ensayos normalizados y dicen con exactitud qué aguanta el aparato.
El grado de protección se escribe con dos cifras. La primera mide el sólido, y en su tope significa que el polvo no entra, ni siquiera el fino que levanta una carretilla sobre pavimento de hormigón. La segunda mide el agua, y el escalón que declara la ficha de nuestras campanas resiste el chorro de una manguera de limpieza, el mismo que se usa para baldear una sala de despiece o un lavadero. Ese par de cifras es lo que está ensayado y escrito; cualquier otra resistencia que te prometan de palabra tiene que aparecer en la hoja de datos antes de que la des por buena.
Esas cifras son las que deciden si tu carcasa antigua puede seguir arriba, y por eso importan al elegir recambio. Una pieza de rosca hereda el sellado del cuerpo donde se enrosca, no el suyo: si la junta del vidrio está cristalizada, el polvo y la humedad entran igual aunque la pieza nueva llegue impecable. Cuando el punto está en zona de baldeo, en cámara o bajo puente grúa, ese detalle es el que empuja a descolgar el conjunto en vez de insistir con el casquillo.
Debajo de todo eso está el material de la campana LED industrial, y ahí se cierra la comparación entre las dos jugadas: enroscando heredas el cuerpo que ya está arriba, descolgando compras uno pensado para ese punto. Aletas que sostienen la temperatura de unión y con ella una larga vida útil, un emisor SMD que en ficha aparece como chip OSRAM SMD 3030 y que según versión monta Bridgelux o Lumileds, y una electrónica Philips Xitanium o Sosen que es la pieza que más determina cuántos años va a estar colgado el conjunto.
Son componentes de alta calidad, con curvas conocidas y repuesto localizable, no piezas anónimas que obliguen a descolgar el aparato entero. Una lente diseñada específicamente para esa distancia es lo que hace que la instalación sea eficiente y duradera y lo que le permite aguantar las condiciones más exigentes del interior industrial. Nada de eso se hereda por rosca, así que cuando el punto lo pide, lo que se pide es el conjunto.
Si en tu nave hay puente grúa o baldeo a presión, dilo al pedir: el sellado que te hace falta cambia de un caso a otro, y de ahí sale también si el recambio resuelve o si toca cambiar el conjunto. Pide la ficha técnica de la referencia y compruébalo antes de firmar el pedido.
Un solo albarán para el patio, el muelle y los campos de fútbol: foco LED, proyector LED exterior y lineales LED más allá del almacén
El techo de la zona de producción resuelve medio encargo. Lo que queda está fuera, y en los rincones que nadie mete en el plano hasta que toca trabajar de noche.
Empieza por el patio y el muelle. Ahí no van campanas: van proyectores sobre poste, sobre fachada o sobre la propia marquesina, con carcasa de aluminio inyectado, vidrio templado y junta continua, y con el ángulo elegido por altura de montaje y no por metros cuadrados. Las zonas de carga y descarga son además el sitio donde más caro sale ahorrar: entre un camión maniobrando, una transpaleta y alguien a pie, un reparto con sombras duras multiplica el riesgo de accidentes. Un nivel de lux parejo en toda la superficie de maniobra, sin picos ni zonas muertas, es lo que de verdad ayuda a mejorar la visibilidad en ese punto.
Dentro quedan los techos bajos. Entreplanta, taller de mantenimiento, pasillo técnico, cámara: alturas de dos metros y medio a tres y medio donde una campana deslumbra y reparte mal. Ahí trabajan las pantallas estancas y las regletas, que son de paso la sustitución natural de la fluorescencia corrida que sigue montada en medio polígono. Para las oficinas anexas van paneles, y ahí el dato que manda es el UGR.
Las líneas continuas resuelven otro caso distinto: pasillos largos entre estanterías, zonas de preparación y frentes de carga en los que interesa una banda sin cortes en lugar de una sucesión de puntos separados.
Y está la parte deportiva, que en muchos polígonos comparte propiedad con la nave: pistas, pabellones y terrenos de juego al aire libre. Ahí el planteamiento cambia de eje, uniformidad, deslumbramiento hacia las gradas, control DMX cuando hay retransmisión o espectáculo, y el aparato se elige por fotometría antes que por lúmenes. Cubrimos esa familia con el mismo criterio de fabricación y de reposición que la industrial.
Cierra el conjunto lo que siempre se pide tarde: equipos de emergencia y señalización, que van con su propia normativa; farolas y columnas para el vial interior; y luz solar para vallado perimetral y caminos donde tirar línea cuesta más que el propio punto de luz. Todo eso entra en el mismo pedido y en el mismo envío que la caja de recambios, así que pide la lista completa de una vez: un solo albarán, un solo transporte y una sola persona al otro lado del teléfono para toda la instalación.
Lo que se resuelve antes de firmar el pedido de bombillas LED para naves industriales: calidad y precio, instalación y mantenimiento del recambio
¿Qué hago con el balasto y el arrancador si solo cambio la fuente de luz?
Salen del circuito. Balasto, arrancador y condensador de la carcasa de descarga se desconectan y el portalámparas pasa a alimentarse directamente de red. Dejarlos en serie con electrónica es la avería garantizada, y encima seguirían consumiendo por su cuenta. Es trabajo de electricista y se hace en el mismo momento del cambio, con la línea cortada y verificada. Si en esa revisión aparece el portalámparas quemado o la junta cristalizada, sale más a cuenta descolgar el conjunto que insistir con el recambio.
¿En cuánto tiempo se recupera el cambio?
Depende de tres variables y de ninguna más: las horas que la iluminación LED industrial está encendida al año, la potencia que retiras y la que pones. Con turno partido y actividad continua, el gran ahorro energético se ve en el primer ciclo de facturación. Con una nave que enciende dos horas al día, el retorno de la inversión se estira y entonces conviene mirar el otro lado de la cuenta, que es el mantenimiento que dejas de hacer. Mándanos las horas de uso y las potencias actuales y te devolvemos el cálculo con la propuesta de sustitución.
¿Puedo comprar a precio profesional si monto instalaciones o si revendo?
Sí. Con el formulario de registro y tus papeles de empresa, o el alta de autónomo, si trabajas por tu cuenta, enviados a comercial@factorled.com, te abrimos la cuenta. Validada, entras en tarifa profesional con descuentos que crecen con la cantidad, algo que en recambio se nota enseguida, porque estas piezas se piden por cajas y no de una en una. Se activan también el listado de producto descargable con tu logotipo y tus datos, para enseñárselo a tu cliente; la opción de que el bulto salga sin remitente visible; y el dropshipping, con la gama enganchada a tu tienda y existencias refrescadas cada día. Aparte queda el crédito, que permite aplazar el pago de tus facturas y se aprueba tras estudiar cada solicitud. Como fabricamos, el mejor precio no sale de recortar componentes: sale de que la cadena tiene un eslabón menos.
¿Cómo viaja una caja de recambios y en cuánto tiempo la tengo aquí?
Ese bulto rara vez viaja solo: entra en el mismo envío que el resto de lo que pidas, así que el plazo lo marca la zona de entrega y no el tamaño de la caja. La península es la ruta más corta; Baleares y Portugal quedan un escalón por detrás, y Canarias, Ceuta y Melilla suman el trámite de DUA, de modo que ahí hablamos contigo antes de expedir nada. El plazo estimado para tu dirección aparece al confirmar el pedido. El importe del transporte lo resuelve el carrito cruzando peso, volumen y destino, y lo ves en pantalla antes de dar al pago, que para eso un palé entero y una caja de recambios no cuestan lo mismo. En cuanto sale el envío te llega un correo con el localizador.
¿Qué pasa si llega algo dañado o me sobra material?
Con el transportista todavía delante, cualquier golpe visible se hace constar por escrito en el albarán, antes de la firma; y si el daño lo descubres al desembalar, avísanos de inmediato. Devolver porque has pedido de más cabe dentro de lo que contempla nuestra política, siempre con la caja de vuelta tal cual salió, sin cinta ni etiquetas pegadas por fuera y con todo lo que traía dentro: embalaje interior, manuales y accesorios. El transporte de retorno lo pagas tú, y si falta cualquiera de esas cosas el abono no sale íntegro. La solicitud se abre desde el área de cliente con un RMA, sin llamar por teléfono, y no se manda nada antes de que la aprobemos. La cobertura, ya lo hemos dicho arriba, arranca en tres años y llega hasta 6 según el producto: en un punto colgado a nueve metros, eso se cuenta en subidas que te ahorras.
Manda las medidas de la nave industrial, la altura libre y una foto de lo que hay colgado hoy: te devolvemos potencia, cantidad y disposición antes de que compres nada, y te decimos sin rodeos si el recambio de rosca resuelve o si lo que toca es descolgar el conjunto. Para eso tienes dos líneas, el 654 777 000 y el fijo 91 805 67 67, más el correo comercial@factorled.com. Y si ya sabes lo que llevas montado, con la referencia basta para dejar cerrada la reposición de bombillas LED para naves industriales.
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