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Campana LED 200W

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La campana LED 200w cubre la misma nave con menos puntos de luz

Con el techo a diez metros el problema deja de ser cuánta luz da cada aparato. Pasa a ser cuántos aparatos hay que subir hasta allí. Cada punto son unos metros de línea, un anclaje, un rato de plataforma elevadora y una avería futura que alguien tendrá que ir a resolver a esa misma altura.

Este escalón entrega entre 32.000 y 40.000 lm por unidad, porque la eficacia que declaran estas series llega hasta 200 lúmenes por vatio partiendo de 160. Ese flujo por punto es lo que cambia el reparto del plano: donde hacían falta veinte puntos del escalón corto entran diez, con el mismo flujo total instalado y la mitad de trabajo de montaje. La cuenta que decide un proyecto de nave no es la potencia de cada aparato, sino el flujo total repartido entre el número de anclajes que estés dispuesto a colocar.

Quedan cuatro decisiones sobre el plano: qué altura justifica este vataje, cuántas unidades salen, qué ocurre cuando retiras los equipos de descarga que llevan años colgados de la cercha y qué zonas exigen un sellado que otras no necesitan. Ninguna se resuelve a ojo: montamos el recinto en DIALux y devolvemos el reparto simulado con la cantidad y la disposición. Manda la planta y la altura libre a info@factorled.com y te contestamos con el cálculo antes de que pidas nada.

Una nave de 8 a 12 metros pide la campana LED de 200w y no una potencia menor

La altura de montaje manda, y no se negocia. La iluminancia que llega al suelo cae con el cuadrado de la distancia: al pasar de cuatro a ocho metros, el mismo aparato deja abajo la cuarta parte. Por eso un recinto de ocho a doce metros no se resuelve multiplicando unidades de potencia media, sino poniendo flujo suficiente en cada punto y cerrando el ángulo para que la luz baje en vez de repartirse por las paredes.

En esa franja entran los recintos de siempre: taller de mecanizado, centro logístico con estanterías de varios niveles, sala de despiece, pabellón deportivo o gimnasio con cubierta alta. Las naves industriales de esta altura comparten dos cosas, tránsito de máquinas y trabajo con detalle pequeño, y las dos piden lux en el plano y no claridad general. Una luminaria industrial de este vataje mejora la visibilidad justo donde más falta hace, y deja una iluminación potente en el suelo del pasillo por el que circula la carretilla.

Por debajo de ocho metros este escalón empieza a molestar. Tanto flujo concentrado en pocos puntos produce deslumbramiento y contraste duro, y el operario lo nota en la primera hora de turno. Por encima de doce, lo que decide el reparto ya no es la potencia sino la apertura y la separación entre filas. En espacios de gran altura la elección se juega ahí.

Hay una segunda razón, más de obra que de fotometría. Cada punto que quitas del plano es un anclaje que no perforas, unos metros de bandeja que no montas y un equipo menos al que volver cuando toque revisión. En cubiertas de panel sándwich o en estructuras metálicas con poco margen de carga, reducir el número de puntos vale más que cualquier décima de lm/W. Si dudas entre este vataje y el inmediatamente inferior, manda la cota que hay hasta el punto de anclaje: con ese dato la elección se resuelve en un correo y no subido a la plataforma.

Cuántos puntos salen en almacenes de gran superficie: la altura fija el número de campanas industriales 200w

El número de unidades sale de una división. Lux objetivo multiplicados por los metros cuadrados, divididos entre el flujo útil de cada equipo, y el resultado corregido por el factor de utilización del recinto y por el factor de mantenimiento que decidas asumir.

Ese factor de utilización depende de la altura, del color de paredes y techo y de si hay estanterías comiéndose la luz lateral. En almacenes de racks altos es mucho más bajo que en una sala diáfana, y por eso dos recintos con los mismos metros cuadrados no llevan el mismo número de unidades. Es el error de cálculo más repetido: dividir superficie entre lumen por equipo y dar el trabajo por hecho.

La altura manda también en la apertura, y la apertura cambia el recuento. Con ocho metros y pasillos anchos, el haz ancho reparte bien y evita el efecto foco. Entre diez y doce se cierra un escalón. Con estanterías altas y pasillos estrechos hay que meter el flujo dentro del pasillo en lugar de dejarlo sobre la cabecera de la estantería, y ahí una iluminación brillante en el suelo de la calle se consigue sin sumar aparatos, solo acertando el cono. Como orientación de proyecto, la separación entre puntos ronda la altura de montaje y se aprieta cuando el plano exige uniformidad alta; el cálculo fino llega después, con la geometría real.

En fábricas y espacios logísticos que mezclan zonas, el reparto se hace por áreas y no de una sola vez: cada zona tiene su nivel exigido, su apertura y su tono. Mándanos la superficie, la altura libre y el uso previsto por zonas y te devolvemos cantidad, ángulo y retícula de montaje. Si el proyecto va por fases, el material se sirve por bloques y la referencia sigue viva cuando toque la segunda.

Cambiar la descarga punto por punto: cómo sale la cuenta de una campana LED industrial 200w

Un punto de descarga consume más de lo que pone en la lámpara. El equipo auxiliar suma su parte, y esa parte no aparece en la etiqueta del proyector sino en el contador. Antes de calcular nada, mide con pinza lo que absorbe una línea real de la nave durante un turno completo: es el único número que no discute nadie en la reunión de la propiedad.

La sustitución se plantea por flujo, no por vatios. Si el punto que retiras entregaba un flujo determinado, lo que lo reemplaza tiene que entregar al menos ese mismo flujo en el plano, contando la depreciación que la descarga ya arrastra. Una lámpara con años encima no da lo que daba el primer día, de modo que el aparato viejo suele estar rindiendo por debajo de su propia hoja, y la comparación honesta se hace con lo que mide el luxómetro hoy. Con eficacias que llegan a 200 lm/W, una campana industrial LED 200W cubre ese hueco con bastante menos potencia contratada.

El consumo energético cae por dos caminos a la vez. Baja la potencia instalada, y bajan las horas de funcionamiento a pleno: la descarga obliga a dejar el alumbrado encendido todo el turno porque apagar significa esperar el reencendido en caliente, mientras que la tecnología LED arranca al instante y admite ciclos repetidos sin penalización. Eso permite apagar por zonas, que es donde aparece el segundo tramo del ahorro de energía. Multiplica la diferencia de potencia por punto, por el número de puntos y por las horas reales de tu actividad; ese producto es el grueso de la cifra y la base de cualquier promesa de eficiencia energética que quieras defender.

Queda un capítulo que casi nadie mete en la hoja de cálculo: los costos de mantenimiento. Una instalación de descarga cambia lámparas de forma periódica, y cada cambio son dos operarios y una plataforma alquilada. Con LED la reposición pasa a ser puntual, por fallo.

Dos datos más de la oferta entran en esta cuenta. El factor de potencia, porque de él depende la potencia aparente que verá tu cuadro y el dimensionado de la línea. Y el comportamiento de la corriente de salida: un equipo serio entrega un flujo de corriente estable y no arrastra el parpadeo típico de un balasto convencional, que en zonas con maquinaria rotativa deja de ser una molestia estética. La alta eficiencia energética de una nave no se mide en la caja de un aparato, se mide doce meses después en el recibo.

Qué cambia al bajar al escalón intermedio: puntos, uniformidad y horas de montaje

Bajar un escalón no es renunciar a luz, es repartirla de otra manera. El flujo total que exige el plano es el mismo; lo que varía es entre cuántas piezas se reparte.

Con menos flujo por punto aparecen más unidades, más empalmes y más horas de trabajo en altura, y a cambio el suelo queda más parejo: el contraste entre lo que hay bajo la vertical y lo que hay a mitad de camino entre dos puntos se suaviza. En una nave con puestos fijos debajo eso se agradece; en una diáfana de once metros es dinero que se va en montaje sin que nadie note la diferencia al entrar.

El criterio práctico es la cota y la tarea. Por encima de diez metros, el tope de gama sale a cuenta casi siempre. Entre ocho y diez, depende de si debajo hay trabajo de detalle o tránsito. Y en edificios que mezclan alturas, lo razonable es combinar dos escalones contiguos y quedarse con dos referencias en lugar de cinco.

Ahí es donde la eficacia de la gama se traduce en algo medible: la eficiencia lumínica que declara la hoja y la iluminación LED que acabas colgando no se juzgan por la potencia impresa en la caja, sino por cuántos puntos has necesitado para llegar al nivel exigido y cuántas horas de plataforma ha costado colgarlos. Pásanos las cotas por zonas y te devolvemos ese reparto antes de que cierres cantidades.

Este vataje existe como campanas LED UFO industriales y también en versión lineal

Cerrado el vataje y el recuento, queda el cuerpo. La casa fabrica este escalón en dos formatos: el redondo, del tipo UFO, y el alargado, pensado para acompañar un eje de circulación. Los dos cubren el flujo del cálculo, de modo que la malla de puntos no cambia por elegir uno u otro.

Lo que decide es la forma del edificio, y esa comparación pertenece a la página del formato, no a esta. Allí vive además la hoja completa de cada versión: qué trae, qué accesorios acepta y de qué se cuelga. Una campana LED UFO 200W y su equivalente lineal se piden con las mismas casillas, pero no se dibujan igual sobre una calle de racks.

Para el pedido basta con llegar con las dos cosas decididas. El cuerpo compacta el peso en un solo punto de anclaje en el caso redondo y lo reparte a lo largo en el lineal, y eso condiciona la fijación más que ninguna otra cosa. Un vataje sin cuerpo elegido es un albarán incompleto.

IP65, durabilidad y rendimiento en entornos industriales: qué zonas del plano lo exigen

El sellado no se pide para todo el edificio por igual, se pide por zonas, y esa es una decisión de plano como cualquier otra.

Detrás del grado de protección IP65 hay dos ensayos concretos. El primer dígito significa estanco al polvo por completo: el aparato es resistente al polvo fino, no solo a la suciedad gruesa, y en una carpintería, una planta de áridos o una sala de despiece esa diferencia se ve en la lente al cabo de dos temporadas. El segundo cubre los chorros de agua proyectados desde cualquier dirección, que es el baldeo a presión con el que se limpia la nave al cerrar el turno. Una protección IP65 es obligatoria en esas áreas y prescindible en una oficina de taller, así que márcalo en el plano antes de pedir: de eso depende la referencia de cada fila.

El mismo grado abre el uso en exteriores cubiertos, marquesinas, muelles de carga o porches. La misma referencia trabaja tanto en interiores como en exteriores resguardados de la lluvia directa, y esa es una ventaja de compra: una sola línea del pedido cubre las dos zonas.

Al polvo y al agua se suma la temperatura de trabajo, que bajo cubierta metálica en verano sube muy por encima de la del suelo. Ahí lo que sostiene el flujo es el cuerpo de aluminio con aletas, porque la disipación del calor es lo que mantiene la unión del emisor dentro de rango. Un equipo que pasa el verano sobrecalentado pierde flujo de forma irreversible, y eso no se recupera cuando baja el termómetro en octubre. Ese conjunto de cuerpo estanco y margen térmico es lo que hace a este vataje ideal para entornos industriales con vibración de prensas, puentes grúa o compresores, donde conviene revisar el sistema de sujeción con la misma atención que el aparato: el resultado depende tanto del anclaje como de la hoja de datos. Si el recinto es exigente, encarga una unidad de prueba y déjala un mes en el punto más castigado antes de comprometer el pedido completo.

Lo que se cierra en el pedido y no después: versión regulable y reparto por líneas

La versión regulable se decide ahora. Lo que hay que traer resuelto del plano es el reparto por circuitos: qué líneas van con electrónica preparada, cuáles llevan detector encima y cuáles se quedan a encendido fijo. Una unidad con alimentación fija se queda así para siempre.

El perfil de uso es lo que decide ese reparto. Una nave con turno de noche y actividad intermitente pasa muchas horas a plena luz sin nadie dentro; con sensores de movimiento en las calles de más tránsito, esas horas caen a un nivel de fondo y suben solo cuando entra alguien. El ahorro sale de ahí tanto como de la eficacia del equipo. Y cuando hay que ajustar la intensidad por zonas o integrar el alumbrado en los sistemas de automatización que ya funcionan en planta, conviene decirlo al pedir, porque cambia la versión que se sirve.

Con esas tres columnas cerradas, una solución de iluminación industrial se pide en un único albarán y el cable se tira de una sola pasada. Es lo que separa una iluminación industrial de alto rendimiento de un montaje que hay que rehacer por fases: no la potencia del catálogo, sino el orden en que se toman las decisiones. Dinos cómo trabaja cada zona y te devolvemos esa lista antes de que curses nada.

Las preguntas que llegan antes de cerrar el recuento de puntos

¿Cuántas unidades hacen falta en una nave de 2.000 metros cuadrados?

No hay respuesta única, y quien te la dé por teléfono sin más datos se la está inventando. Depende de los lux que exija la actividad, de la altura libre, del color del recinto y de si hay estanterías. Con esos cuatro datos y el plano en planta hacemos el cálculo y te devolvemos la cantidad, el ángulo y la retícula. Lo habitual es que el resultado sorprenda a la baja respecto a lo que hay colgado ahora, precisamente porque el flujo por punto ha subido mucho.

¿Puedo sustituir el proyector antiguo sin rehacer la instalación eléctrica?

Casi siempre, y además suele sobrar sección de cable: el consumo de energía del punto nuevo es una fracción del que tenía el anterior. Hay que retirar el equipo auxiliar de la descarga, revisar el anclaje porque el peso y la superficie expuesta cambian, y comprobar que la protección del circuito sigue siendo la adecuada tras la bajada de carga. Si vas a montar la versión de control, esos dos hilos hay que tirarlos: no viajan por el mismo par que la fase.

¿Qué le exijo por escrito a la oferta antes de firmar?

Cuatro renglones. El emisor de luz declarado con su fabricante y su encapsulado, en lugar de un genérico de última generación sin apellidos. La electrónica: una unidad equipada con un driver Philips de curva conocida, o Sosen según la serie, garantiza funcionamiento estable a plena carga y con temperatura ambiente alta, y sobre todo se repone sin bajar el resto del equipo; un driver Philips Xitanium tiene recambio localizable pasados unos años. El flujo de la unidad completa y su eficacia, no la del chip desnudo. Y la vida útil que declara, contada hasta cierto porcentaje de flujo remanente: esa es la larga vida útil que promete cualquier hoja, y solo se cumple si la unión trabaja fresca. Con esos cuatro, comparar dos presupuestos del mismo vataje deja de ser una cuestión de fe: los componentes de alta calidad no se aprecian en la foto del producto, se aprecian en el quinto año.

¿Qué cobertura tengo si el proyecto es grande y va por fases?

La cobertura arranca en tres años de garantía y sube hasta seis en función del producto; viaja con la referencia y no con el pedido. Fabricar la gama es lo que sostiene una segunda compra tres años después: cuando se caen dos unidades de una fila montada, lo que necesitas es exactamente esa referencia con su apertura y su tono, no una parecida que cante desde el suelo. Cierra la referencia en la primera compra y aparta un par de unidades de reserva. La garantía se tramita con un RMA desde tu área privada, sin telefonear; hasta que la solicitud queda aprobada, el bulto no se mueve del almacén.

¿Cómo compro con tarifa profesional y qué pasa con los portes o una devolución?

Con el alta de empresa: formulario de registro y la documentación que acredite tu actividad, a comercial@factorled.com. Con la cuenta validada, la tarifa cambia por tramos de volumen, el catálogo se descarga con tu logotipo y tus datos, el bulto viaja sin remitente a la vista y la gama se conecta por dropshipping a tu tienda; la línea de crédito pasa por un estudio previo, caso a caso. Los portes los cifra el carrito con peso, volumen y zona antes del pago, porque un pedido paletizado no se tarifica como un bulto suelto, y la fecha prevista sale al confirmar; Canarias, Ceuta y Melilla se tramitan con DUA y con un aviso anterior a la expedición.

Si te sobran unidades, la devolución sigue abierta con las condiciones de nuestra política: caja original sin cintas ni etiquetas pegadas, con embalaje, documentación y accesorios completos, porte de vuelta a tu cargo y trámite por RMA. Si el bulto llega con marcas, hazlo constar en el documento de entrega antes de firmar.

La calidad de la iluminación de una nave se juzga en el suelo, con luxómetro, y a los cinco años de haberla montado. Antes de eso ya hay una pista fiable: el primer trimestre completo facturado después del cambio, puesto al lado del mismo trimestre del ejercicio anterior. Ahí es donde una iluminación eficiente devuelve lo que costó. Envía el plano a info@factorled.com indicando la altura libre y lo que absorbe hoy la línea que vas a retirar, y recibirás el cálculo con la cantidad exacta y el reparto sobre el papel. Si prefieres el teléfono, marca el 91 805 67 67 o el móvil 654 777 000. Llevar iluminación LED industrial a la planta empieza por ese recuento: la campana de LED 200W que acabes colgando será la que pedía el plano, y la que dejes de más, la que decidas guardar como recambio.

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